
Tras la sesión que finalizó en la madrugada del viernes pasado, que dejó como saldo una ley de propiedad privada fileteada con anticipación y trifulcas en las afueras del Congreso -salvo para las cuentas de Patricia Bullrich y de la Casa Rosada-, el oficialismo senatorial buscará dejar atrás la abultada cadena de errores de las últimas semanas e intentará reordenar la agenda en la Cámara alta: habrá dos audiencias públicas por pliegos judiciales y otras dos reuniones para continuar con el análisis de una nueva norma sobre Sociedades y el Súper RIGI.
El desafío no es menor. Ya hace tiempo, sin Manuel Adorni como excusa principal y una oposición ya no tan dialoguista, que se hartó de ser tratada como empleada y no como par -correlato en gobernadores y un ramillete de promesas incumplidas, más clásicas picardías peronistas para arañar protagonismo-, La Libertad Avanza tendrá que hacer frente a una serie de proyectos que aguardan desde hace meses en el Senado, a 45 días del aterrizaje del Presupuesto 2027 en Diputados. Una vez que dicho texto ingrese en la Cámara baja, nadie asegura un debate fácil para el resto de las iniciativas.
Con el reloj de arena dado vuelta por los propios “aliados”, que vieron abierta la ventana para dejar de estar agazapados y mostrar sus verdaderas cartas, los libertarios no tuvieron mejor idea que aplicar una de las máximas que se pregona desde Balcarce 50: ganar aún en la derrota. No salió como lo esperado: las operaciones cruzadas para quedar libre de culpa embadurnaron aún más el escenario y ya no interesan, ni siquiera, en la base de votantes mileístas.
El ejemplo más contundente fue la enjabonada olímpica de Bullrich y otros para que el peso de lo ocurrido con propiedad privada cayera, en un 100%, en el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, quien -por supuesto- formó parte de la cadena de responsabilidad y fue quien hizo posponer la sesión de julio a agosto. No así lo del jueves pasado. Con lo ocurrido en las últimas horas, solo faltó un coro para cantar la jugada, que se vio a 1.000 kilómetros de distancia. Entonces, bajo esa perspectiva, y si el funcionario fuese el diablo, ¿por qué se sostiene el convite de mañana para la ley de Sociedades? Curioso.

Durante la misma jornada, la comisión de Acuerdos continuará con los pliegos judiciales, uno de los pocos senderos donde se logra mostrar un avance concreto y donde todos ganan algo, sin tanta pelea. Esto se repetirá el miércoles, día en el que también se seguirá la discusión sobre el Súper RIGI, que viene de Diputados y espera la sanción definitiva antes que finalice el corriente mes.
Un detalle que pasó desapercibido y se conoció el fin de semana. Según confiaron fuentes legislativas a Infobae, durante la sesión en la Cámara alta y mientras se desarrollaba el operativo policial en las afueras del Congreso, la vicepresidenta entonces a cargo del Ejecutivo -por el viaje al exterior de Javier Milei-, Victoria Villarruel, en el punto más álgido de la batalla callejera, solicitó hablar con los responsables e, incluso, con la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva.
Fueron minutos de tensión, con un grupo muy reducido de personas -de máxima confianza de la titular del Senado- que sirvió de enlace con un puñado de jefes policiales. Todo fue bajo absoluta discreción y con un objetivo: que volviera el orden y no se desmadrara la violencia. Al poco tiempo, reapareció la calma. Son agentes con caras no conocidas -como ocurre con su poco contemplado equipo parlamentario-, que no buscan fama y cuidan más a Villarruel que sus entornos político y comunicacional.
Pocas horas antes de este episodio, en el recinto se blanqueaba, desde el propio bloque libertario, la penosa realidad de un alfil de la vice que, en vez de ayudarla, la hunde con estrategias minúsculas -muy infladas, de forma artificial- y de estricto corte personal, aunque con insólitas promociones mediáticas según la época.
