Milei asume todo el costo de Adorni: fin de los ensayos para cambiar el clima

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Karina Milei junto a Manuel Adorni. Apoyo decisivo también en el frente interno

Javier Milei será protagonista de un hecho realmente inusual la semana que viene: asistirá a la Cámara de Diputados para acompañar a Manuel Adorni y de ese modo escalará al máximo en la decisión de escenificar el sostenimiento de su funcionario, que arrastra un mes y medio de deterioro en continuado. Es bastante más que un abrazo para la foto. Y expondrá una especie de regla inversa, porque normalmente los jefes de Gabinete deben absorber los daños, cuidar a los presidentes, no al revés.

No es todo. Eso, que en el circuito violeta podría ser celebrado como un singular trazo mileista, opera en la práctica a contramano de los movimientos que viene ensayando el oficialismo para cambiar el clima político o, dicho de otra forma, recuperar terreno con iniciativas que modifiquen el foco de la agenda pública. Un objetivo compartido además con la necesidad de recrear expectativas después de un primer trimestre del año marcado por datos negativos en materia económica.

El efecto del caso Adorni es realmente amplio. El Congreso exhibe un ejemplo claro. Vive una etapa de muy escasa actividad, reflejo de las tensiones generales y, sobre todo, del bloque de la LLA y sus socios. Quedó en suspenso cualquier convocatoria del oficialismo al recinto antes del informe del jefe de Gabinete, el miércoles próximo. El último síntoma fue la postergación del debate sobre la ley Hojarasca, que se suponía casi un trámite.

Se impuso la cautela desde el Gobierno. Y pareció preferible evitar un anticipo de los cruces por el jefe de Gabinete, cuando además circulan dudas y surgen recelos sobre la actitud de aliados, desde integrantes del PRO y la UCR hasta legisladores que responden a gobernadores del PJ “amigos” de Olivos. La oposición dura no intentó avances con la idea de una interpelación. Tal vez consideró mejor el desgaste del funcionario, mientras trata de arreglar sus propios problemas.

La semana aportó además un dato que ilustra la situación del Congreso. El Ejecutivo promulgó la reforma a la ley de Glaciares, que ya fue judicializada. Alcanzó para recordar que fue el único proyecto coronado en casi dos meses. Una señal nada desdeñable, después de un febrero de éxitos legislativos anotados por el Gobierno.

La intención de modificar ese cuadro precipitó el envío del proyecto de reforma electoral, con eje en la eliminación de las PASO, la inclusión de Ficha Limpia y agregados sobre Boleta Unica de Papel y financiamiento de los partidos. Milei buscó exponerlo como una iniciativa “anticasta”, en espejo con el daño causado en el discurso libertario por capítulos como el de Adorni y el de los créditos del Banco Nación.

El primer dato que asomó en el Congreso fue el crujido por la resistencia cruzada de algunos socios del oficialismo. Desde el PRO y la franja radical alineada con el Gobierno hicieron saber que no comparten la derogación lisa y llana de las primarias. Y algunos gobernadores que aporten votos decisivos no se entusiasman con Ficha Limpia.

Martín Menem, con legisladores de LLA. Se viene una sesión de peso

No está claro cómo evolucionará el proyecto, pero sí que serán necesarias negociaciones amplias, frente a una oposición heterogénea y desordenada -con especial foco en el peronismo/K- que, de todos modos, retomó conversaciones para tratar de coordinar su ofensiva sobre el jefe de Gabinete. Todo es cálculo y tensión en el Congreso. El mileismo le agrega su interna, que no cesa. Y, según trasciende, está molesto con la posición de “plateístas” que podrían adoptar algunos de los socios, en la batalla que imaginan para el recinto.

En rigor, los diputados del Pro, del radicalismo y algunos provinciales frenaron un primer intento de la oposición dura para tratar del tema Adorni -también, el caso $LIBRA- en el debate sobre la modificación a la ley de Glaciares. En ese contexto, el rechazo fue basado en cuestiones reglamentarias. El encuentro de la semana que viene es diferente, en todo sentido.

Por lo pronto, el oficialismo viene trabajando en los ejes de la presentación del jefe de ministros. Y más allá de las reuniones formales -la última cita de la mesa política fue corrida para el lunes-, se trata de una especie de gran ensayo, cuyo eje pasa por las respuestas a las cargas de la oposición. Las versiones que hace circular el Gobierno son vagas, pero ninguna descarta la alternativa de escalar en la pelea -sobre todo, apuntando al kirchnerismo y a “sacar” a alguno de sus representantes- para un final con retirada a los gritos.

En la oposición, los preparativos incluyen la insistencia hacia sus filas para que se imponga el control de las reacciones y de los egos, según se admite en ese circuito. Existe incluso la intención de dividir papeles, como ocurrió cuando fue el turno de Guillermo Francos, antecesor de Adorni. No parece fácil. Al igual que en el frente violeta, corren versiones sobre cartas para volcar el debate.

La atención de todos está puesta en las novedades que pueda producir la causa por enriquecimiento ilícito. Las novedades de los últimos días estuvieron centradas en la compra del departamento de Caballito y lo más ruidoso fue la declaración de Pablo Feijoo, que habló de una deuda “en negro” por 65 mil dólares. La sospecha se extiende no sólo al costo real de la propiedad sino además a los fondos para la adquisición inicial a un ex futbolista. En cambio, la semana que viene los testimonios principales tendrán que ver con la casa en el country de Exaltación de la Cruz. Y no se descarta alguna novedad con los viajes.

Está claro que los días que vienen estarán tomados por el caso del jefe de Gabinete, cuyo efecto -por la extensión temporal y mediática- supera el terreno estrictamente político. En rigor, se combina con la economía. Puede relegar noticias, en una mezcla que incluye desde el anuncio de alguna fuerte inversión petrolera hasta las cifras de caída de la actividad y baja o frío en el consumo. Pero sobre todo, relega el intento discursivo para generar expectativa después de un inicio de año para abajo.

Milei parece haber optado por dejar atrás los ensayos del Gobierno para cambiar el temario. Y más: subió escalones en sus peleas, siempre con elección de enemigos. Afirmó en primera línea al periodismo, combustible para el motor de tuiteros violetas que insultan y otros que presumen de analistas de medios. Resultó notorio también que, en simultáneo con la defensa de Adorni y la confirmación de su asistencia al recinto de Diputados, habló del objetivo de reelección. La alusión al plan para el 2027 quedó en segundo plano. Los títulos -y la repercusión en las redes- dieron mayor trascendencia al gesto de sostenimiento de su funcionario. Eso también habla de clima.