
“Todo sigue igual”, definió, con un dejo de resignación, uno de los miembros del reducido círculo que el martes volvió a reunirse en Casa Rosada luego de la escalada virtual entre el asesor presidencial, Santiago Caputo, y el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. Dos semanas después del explosivo mensaje en X, período en el que el presidente Javier Milei repartió gestos, fotos y mensajes hacia ambos sectores, la administración libertaria parece haber ganado aire, pero postergado el principal problema que arrastra desde hace meses.
Pese a las diferencias que parecen proliferar, en el oficialismo hay coincidencias en que el mandatario no está dispuesto a tomar partido por ninguno de los vértices del Triángulo de Hierro en pugna y dilatará así una decisión que, según creen, tarde o temprano deberá tomar. “Se puede coexistir, pero la situación la ordena Milei o no la ordena nadie y no está dispuesto a resolverlo”, precisó una fuente inobjetable a Infobae. “No le conviene meterse. No tiene resolución”, expresó otra voz del ecosistema.
Lo cierto es que el libertario hace equilibrio entre Karina Milei, su hermana de sangre, y Santiago Caputo, el “hermano varón” que nunca tuvo, pero acumula malestar producto de la intensidad que adquiere la puja. No obstante, evita trasladar su enojo a los interlocutores. “Milei cree que la interna debe resolver en el marco de la política. Que debe saldarse entre las partes. Como todo líder ve las cosas desde otra óptica: ve un tablero general con fichas y jugadores. Necesita a los Menem por Karina y a Santiago por lo que representa”, definió un funcionario que admitió que “sufrir” a diario el impacto de las tensiones.
En el punto más álgido del conflicto, desde uno de los campamentos calificaban de “salomónica” la actitud del mandatario, mientras que en el otro se conformaban con sostener que en realidad busca “armonizar el esquema”. “Milei intenta estar por encima. Considera que cada uno tiene algo valioso y útil como para descartarlo”, lo justificó un legislador violeta.
La ensayada línea argumental de los colaboradores del mandatario contrasta con los reclamos que atravesaron a las filas violetas apenas la disputa rompió el cerco del anonimato en el ecosistema virtual. Entre declaraciones públicas, gestos de distensión y abrazos repartidos, el mensaje fue receptado y los pedidos de intervención comenzaron a perder fuerza. “Milei es el único que puede ordenar, pero no quiere hacerlo y es válido”, planteó una voz ajena a las disputas.
No es casual que en la reunión de Gabinete del lunes patrio no haya habido mención a los cruces entre Menem y Caputo, los dos presentes, o que en la edición anterior, el Presidente haya interrumpido a la senadora Patricia Bullrich cuando intentó volver a reclamar por la presentación de la declaración jurada del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
Los signos de autonomía típicos de Bullrich parecen preocupar a varios integrantes de la mesa política que aseguran detectar aspiraciones electorales personales. Como contó este medio, el señalamiento contra el ministro coordinador fue recibido con malestar por Javier y Karina Milei. Sin embargo, el mandatario no accionó en consecuencia.

Luego de abrazarla en el balcón de Casa Rosada, destacó la gestión de la senadora en su paso por el Ministerio de Seguridad en su discurso del Latam Economic Forum. “Si te consideran más peligroso afuera que adentro, es lógico que te mantengan adentro entonces”, resumió una importante voz del Gabinete.
En las filas libertarias tienen plena conciencia de que las diferencias que atraviesan a la plana de poder impactan en la gestión y complejizan la ejecución del programa político. Aún así, el selecto equipo que se da cita una vez por semana en las oficinas del Ministerio del Interior casi no hizo mención a la cruzada a excepción de un comentario humorístico -al pasar- que dos fuentes le atribuyen a Adorni.
Desde su rol en la Vocería Presidencial a esta parte, el ministro coordinador intenta mantener la armonía entre los interlocutores y fue bajo ese objetivo que encaró la reunión del martes.
“Fue cordial, en paz y todos para adelante”, precisaron desde su entorno. “La mesa fue tranquila. No quiere decir que hayan resuelto las diferencias, pero que haya sido ordenada ya es un montón”, aportó otro funcionario. “En general todos interactúan bien salvo Bullrich que a veces está más combativa”, describió un tercer integrante de la mesa.
En medio de las bromas contra el asesor por el uso del gorro de lana adentro del edificio, el equipo discutió por más de una hora la estrategia que debería adoptar el Poder Ejecutivo para establecer vínculos con los gobernadores, entre las que confluyen dos posturas en pugna ante la idea de sancionar la tan ansiada reforma electoral.

Con sobrada ironía, resolvieron culminar el intercambio con una selfie conjunta. El retrato, que se suma al extenso álbum de fotos que colecciona la administración para sostener el relato de la unidad que impulsa el Presidente, generó suspicacias. La armónica confluencia entre los Menem y Caputo es el detalle menor, sorprendió a varios la copa de agua del ministro coordinador sobre la mesa que parece editada, pero más llamó la atención la existencia de una décima silla que figura vacía.
La excesiva gestualidad busca echar por tierra las versiones de crisis y exhibir una convivencia ordenada en medio de una interna que toma temperatura y que Milei aspira a encapsular. Detrás de las sonrisas, los tuits y las fotos, persiste la preocupación por las diferencias, mientras el delicado equilibrio entre las tribus sigue atado a la decisión del libertario de postergar una definición que, más temprano que tarde, deberá tomar. “Bien está lo que bien acaba”, sintetizó Shakespeare cinco siglos atrás.
