
En medio de la persistente puja del kirchnerismo por lugares que el oficialismo y la oposición dialoguista le “quitaron” en comisiones unicamerales del Senado -las perdieron por poca viveza en el recinto-, en silencio ya se activó otra guerra por la repartija de butacas en bicamerales estratégicas como la de Inteligencia -con el siempre pícaro presupuesto privado, único en el Congreso- y la Mixta Revisora de Cuentas. La última sirve de enlace con la Auditoría General de la Nación (AGN), el órgano de control externo -a posteriori- de los gastos del Estado.
La semana senatorial casi que finalizó el jueves, luego de una sesión sin grandes estridencias. Más bien fue un convite en el que quedó demostrado que, año tras año, la consistencia de los discursos y el raciocinio legislativo se acercan un poco más hacia el abismo. Hay pocas excepciones, claro está, mientras que Diputados mantiene pegada al pecho la medalla del circo final. Más allá del esperanzador panorama, en el post recinto de la Cámara alta comenzaron a volar los nombres que cerraron libertarios y -por ahora- aliados. Durante el fin de semana, la versión fue confirmada con discreción a Infobae por tres espacios.
Entre lo más jugoso, la trifulca por la bicameral de Inteligencia se llevó la marca no sólo por la estrategia numérica, sino también por el eventual ticket de oro para la peronista Carolina Moisés (Jujuy), quien hasta hace poco pidió por redes sociales -mensajes emotivos- la liberación de la hoy condenada Cristina Kirchner. Y fue acompañada por La Libertad Avanza -entiéndase, Patricia Bullrich- y aliados para ser hoy nada menos que vicepresidenta del Cuerpo.
La Cámpora -Cristina- intenta cancelar a toda costa a Moisés desde hace tiempo. Sin sororidad mediante y con el mayor veneno posible. Ya son decenas de idas y vueltas de una relación con amores y odios curiosos, en medio de una política general ultrajada que ya no recuerda, ni siquiera, los mínimos no imponibles. Por momentos, nada parece importar. Todos contra todos. Allí, el Gobierno se cansa de ganar, con consecuencias reales a conocer en corto y mediano plazo.

Al Senado le corresponden siete de los 14 lugares en Inteligencia. Se sabe, pese a que no fue formalizado, que la UCR –Maximiliano Abad-, el PRO –Martín Goerling– y Moisés tendrían el espacio asegurado. Y seguiría la filo radical Edith Terenzi (Chubut). El kirchnerismo supo acumular tres. La pregunta es si pasará a dos o se irá al extremo de uno. Pareciese ser la última opción.
Con la partida del inolvidable Oscar Parrilli de la Cámara alta, allí quedaron hasta horas atrás la peronista Florencia López (La Rioja) y el camporista Eduardo de Pedro (Buenos Aires). No obstante, desde un castillo cristinista deslizaron a este medio que, de ser dos, “Wado” preferiría ir a la de Acuerdos y pasarle la posta al eufórico rionegrino Martín Soria. La Libertad Avanza irá por dos, con su exjefe Ezequiel Atauche (Jujuy) y el recién aterrizado y aún verde -premio llamativo- Agustín Coto (Tierra del Fuego). De esta manera, el oficialismo filetearía sin descanso al cristinismo, mientras que otros aliados ya direccionan la lupa hacia Moisés y dudan sobre su rol y a quién responderá. Siempre, debajo de la línea de flotación.
Otro peronista freelance con coronita es el catamarqueño Guillermo Andrada, “compañero” de Moisés en la bancada Convicción Federal. Es soldado y terminal legislativa sin chistar del gobernador, Raúl Jalil. Se está por ganar una butaca en la Mixta Revisora de Cuentas. Allí también saldría perjudicado el kirchnerismo. “El problema es que ya sabemos para dónde van a saltar si se mueve la brújula para el otro lado”, sentenciaron sobre el dúo justicialista desde un despacho dialoguista top a Infobae. La tercera pata de esta selección justicialista es la tucumana Sandra Mendoza, más conocida por la “espada de Dómacle”.
El último presidente de la bicameral de enlace con la AGN fue el actual diputado multi PJ Miguel Pichetto, quien logró cerrar con oficio los trabajos demorados para chequear gastos de las eras de Mauricio Macri y Alberto Fernández. Así está el Congreso. Por eso el margen de acción que disfruta, por ahora, la Casa Rosada.
