En los próximos días, los buzones de Almagro, Belgrano o el centro de Córdoba —pero también los de San Pablo, Montevideo y Caracas— se convertirán en el escenario de una de las batallas institucionales más profundas de la Italia contemporánea. No se eligen legisladores ni presidentes. Se elige, ni más ni menos, qué tipo de justicia tendrá la tercera economía de Europa para las próximas décadas.
El gobierno de Giorgia Meloni impulsa una reforma constitucional para modificar la estructura del Poder Judicial. Para sus defensores, es el paso necesario para que Italia tenga una “justicia justa”; para sus detractores, es un caballo de Troya para someter a los fiscales al poder político. En el medio, una comunidad italiana en América Latina que, a menudo alejada del día a día de Roma, tiene en este referéndum un peso electoral que puede ser la balanza del resultado.
Qué dice la reforma: tres cambios clave
Para entender qué se vota, hay que despejar el lenguaje técnico. La reforma se apoya en tres cambios fundamentales que buscan desarmar el modelo actual, nacido en 1948 tras la caída del fascismo:
1) Separación de carreras: hoy, un magistrado italiano puede alternar funciones: ser fiscal (quien acusa) y luego juez (quien juzga). La reforma lo prohíbe definitivamente: quien elige ser juez no podrá ser nunca fiscal, y viceversa. El objetivo declarado es garantizar la imparcialidad del juez, que no debería haber “pensado como fiscal” en ningún momento de su carrera.
2) El sorteo del CSM: el Consejo Superior de la Magistratura (CSM) es el órgano de gobierno de los jueces italianos: nombra, evalúa y disciplina a los magistrados. Hoy es uno solo. La reforma crea dos: uno para los jueces y otro para los fiscales. Además, ya no sería elegido solo por votos entre pares, sino mediante un sorteo. Se busca romper con las facciones internas —las llamadas correnti.
3) La Alta Corte Disciplinare: se crea un tribunal externo para juzgar las faltas disciplinarias de los magistrados, quitándole esa potestad al CSM.
El mapa de la grieta italiana: ¿Quién es quién?

El debate no se agota en los partidos políticos; ha movilizado a todo el ecosistema legal de Italia. En el bando del SÍ, además de la coalición de gobierno (Fratelli d’Italia, Lega y Forza Italia), el apoyo más ferviente proviene de la Unione delle Camere Penali Italiane (la asociación que nuclea a los abogados penalistas). Para ellos, la reforma es una deuda histórica para que el abogado defensor deje de ser el “pariente pobre” en el proceso y se enfrente a un fiscal que no comparta el mismo gremio que el juez.
Del otro lado, el frente del NO tiene como columna vertebral a la Asociación Nacional de Magistrados (ANM), que representa a casi el 90% de los jueces y fiscales del país. La ANM considera que la reforma busca “domesticar” a la justicia y romper la unidad de la magistratura que fue clave para investigar al poder en las últimas décadas. A este bloque se suman los partidos de centroizquierda (Partido Democrático (PD), Movimento 5 Stelle, Verdes e Izquierda) y una gran parte de la academia jurídica, que ve en el sorteo del CSM un experimento arriesgado y sin precedentes en las democracias occidentales.
El modelo argentino bajo la lupa

Para el lector latinoamericano, la “separación de carreras” suena a algo familiar. En Argentina o Brasil, el Ministerio Público es un órgano ya separado del Poder Judicial. Entonces, ¿por qué en Italia genera tanto ruido?
“No hay ningún país en el mundo que tenga el modelo italiano actual. Cualquier modelo, incluido el argentino, es un modelo a seguir. Necesitamos que Italia se aggiorni”, explica a este medio Claudio Zin, ex senador de Italia y referente del MAIE (Movimiento Asociativo Italianos en el Exterior), aliado del gobierno de Meloni. Para Zin, se trata de una cuestión de transparencia: “Separar la investigación y la acusación de la garantía de la sentencia es básico en cualquier división de poderes”.

Sin embargo, desde la vereda de enfrente, el diputado por la circunscripción de América del Sur, Fabio Porta (Partido Democrático) sostiene que el argumento de la “modernización” es una cortina de humo. “Cada sistema es fruto de su historia. En Italia, los datos dicen que menos del 1% de los magistrados pasa de una carrera a otra. Es una excepción rarísima. Decir que esta reforma es para separar lo que ya está de hecho separado es difícil de justificar”, dispara Porta. Según él, el verdadero objetivo es debilitar la autonomía de los magistrados para hacerlos “permeables al Ejecutivo”.

¿El fantasma de la “democracia iliberal”?
Aquí es donde entra la mirada académica y profunda de Edoardo Fracanzani, doctor en Política y Gobierno por la Universidad La Sapienza de Roma, radicado en Córdoba y autor de Le origini del conflitto (Los orígenes del conflicto), un libro que indaga precisamente en los vínculos históricos entre la política y la magistratura en Italia. Para él, la reforma no ocurre en el vacío, sino en un contexto global de retroceso democrático.
“En Hungría —quizás el caso más citado— los gobiernos de Viktor Orbán redujeron la independencia de los jueces mediante reformas institucionales. Algo similar ocurrió en Polonia”, advierte Fracanzani. El experto señala que el riesgo no está solo en el texto de la reforma, sino en lo que habilita después: “La creación de dos órganos distintos permite que, a través de leyes ordinarias, se adopten reglas que introduzcan algún nivel de control sobre los fiscales”.

Fracanzani recuerda que la tensión entre la derecha italiana y la justicia no es nueva. Viene de la época del escándalo de corrupción de Mani Pulite y los años de Silvio Berlusconi. “El sistema de 1948 garantiza un alto nivel de independencia. Gracias a eso se pudieron investigar vínculos con la mafia y la corrupción de alto nivel. La reducción de esa autonomía implicaría, de manera directa, una menor capacidad de control por parte de los fiscales”, sentencia.
Frente a la advertencia de una posible “hungarización” de la justicia, Claudio Zin sostiene una visión diametralmente opuesta. Para el ex senador, la creación de dos consejos separados no es un camino hacia el control político, sino una garantía de transparencia para el ciudadano de a pie. “Esta nueva estructura evita la concentración del control de la justicia en una sola mano”, afirma Zin. Además, califica como “ingenuo” el planteo de que la reforma busca convertir a los jueces en peones del oficialismo: “Pensar que a partir de esta reforma las togas van a ser todas de derecha es un planteo muy básico. Los jueces y fiscales van a seguir manejando la gran mayoría del espacio de poder, sus carreras y concursos. La participación política seguirá siendo mínima”, asegura.
El sorteo: ¿confianza o manipulación?
Uno de los puntos que más asombra a los analistas es la idea de elegir a los miembros del órgano de gobierno de los jueces por sorteo. Según la lógica del gobierno de Meloni, el azar es el único método capaz de dinamitar el sistema de las correnti (las facciones internas que han dominado la justicia italiana durante décadas). Al dejar la elección librada a un bolillero, el argumento oficial sostiene que se elimina de raíz la posibilidad de que los partidos políticos —de cualquier signo— negocien en las sombras y pongan “a dedo” a sus favoritos en el órgano que debe vigilarlos.
Para Zin, esto viene a “aclarar sospechas” y evitar que la ciudadanía piense que las decisiones tienen una connotación política. Para Porta, en cambio, es una trampa matemática: “Si pones a personas elegidas al azar, que no se conocen entre sí, frente a un tercio compacto elegido por la política y la mayoría parlamentaria, es obvio que ese tercio terminará teniendo una influencia desproporcionada”.
Por qué el voto en Argentina y América Latina es determinante

A diferencia de otros referéndums italianos (como los que buscaron derogar la ley del aborto o el divorcio), esta consulta es de carácter constitucional. Y aquí reside la clave para los ciudadanos en el exterior.
Miguel De Luca, politólogo de la Universidad de Buenos Aires y experto en sistemas electorales, explica la diferencia crucial: “En el referéndum abrogatorio se necesita que vote más del 50% del padrón (quórum) para que sea válido. En el constitucional, no hay quórum. La reforma se aprueba si los ‘Sí’ son más que los ‘No’, sin importar cuánta gente vaya a las urnas”.
Esto convierte al millón de italianos en Argentina en un actor central. “El voto en el exterior puede ser determinante. Primero por la dimensión del electorado: equivale al de varias regiones de Italia. Segundo, porque históricamente estas votaciones se han resuelto por un puñado de votos”, explica De Luca a Infobae. El académico recuerda que, de los últimos cuatro referéndums constitucionales en Italia, dos fueron rechazados por la gente a pesar de tener mayoría en el Parlamento.
¿Impacto en el tramite de ciudadanía?

Para muchos italianos en América Latina, la justicia suena a algo lejano, hasta que toca el trámite de la ciudadanía o un juicio sucesorio.
Fabio Porta vincula directamente ambos temas: “La gran mayoría de los jueces cree que este sistema no debe cambiarse así. No es algo abstracto: la justicia es la que hoy corrige las leyes equivocadas del Parlamento, como cuando las mujeres antes de 1948 no podían transmitir la ciudadanía. Si debilitamos la justicia, debilitamos nuestra última garantía como italianos en el exterior”.
Porta también llama a usar el voto como una señal política hacia el gobierno de Meloni, especialmente tras el decreto que impuso restricciones para obtener la ciudadanía: “Votar ‘No’ es responder a un gobierno que nos ha maltratado con las nuevas leyes de ciudadanía”.
Frente a la postura de Porta, Claudio Zin desestima que la reforma pueda entorpecer los trámites que desvelan a la comunidad en Argentina. Para el referente del MAIE, se trata de cuerdas separadas que no deben mezclarse en el debate. “Para los italianos residentes en el exterior, el cambio en la justicia italiana no debería afectarnos ni favorecernos en absolutamente nada”, asegura Zin, quien sostiene que los procesos de ciudadanía o sucesiones no se verán alterados por la nueva estructura judicial. “El tema de la ley de ciudadanía es otro camino, otra historia, y no tiene nada que ver con este referéndum. Lo que está en juego aquí es el compromiso con la madre patria y demostrar que, aunque no paguemos impuestos allá, tenemos una participación activa en su vida política”, concluye.
Un acto de compromiso

Desde el plano institucional, Darío Signorini, presidente del Comites de Buenos Aires, mantiene la neutralidad técnica pero hace un llamado urgente a la participación. “Debo incidir para que los connacionales participen activamente. Es una forma de mostrarle a Italia que la ‘otra Italia’, la del exterior, tiene tanto compromiso como la de la península por los cambios que se están generando”, afirma.
Por su parte, Fabio Porta coincide en que una alta afluencia enviaría un mensaje potente a Roma. “Sería un gesto de gran civismo para demostrar que nuestra sensibilidad y participación puede ser igual o incluso superior a la de los italianos en la península”, señala el diputado, quien ve en el voto una forma de reivindicar la importancia de los ciudadanos en el exterior frente a los intentos de relegarlos a una categoría de “segunda serie”.
Claudio Zin refuerza esta idea desde el compromiso cívico: “Necesitamos que más del 30% de los ciudadanos de Argentina voten para demostrar que, si bien no somos contribuyentes en Italia, tenemos una participación activa en su vida política”.
La justicia italiana, que según Zin hoy es “un acto de fe” por sus demoras, está en una encrucijada. Los sobres ya están en camino. En un sistema sin piso de participación, el silencio de los que no voten será, quizás, el grito más fuerte de este referéndum.
GUÍA PRÁCTICA PARA EL VOTANTE

Calendario diferenciado: Mientras que en Italia la votación se realizará de manera presencial el domingo 22 y lunes 23 de marzo, para los ciudadanos en el exterior el proceso es enteramente anticipado y postal.
¿Cómo se vota? Se vota por correo postal. El sobre con la boleta y el cupón electoral debe recibirse en el domicilio antes del 4 de marzo. De no ser así para el 8 de marzo, se debe tramitar un duplicado en la sede consular respectiva. Para emitir el voto: marcar la opción elegida (SÍ o NO), colocar la boleta en el sobre blanco pequeño (sin inscripciones externas) e introducir este último —cerrado— junto con el cupón en el sobre de envío con franqueo pago. Puede remitirse gratuitamente por vía postal o entregarse de manera presencial en el Consulado.
Fecha Límite: El sobre debe llegar al Consulado de referencia antes del jueves 19 de marzo a las 16:00 hs.
La Pregunta: ¿Aprueban el texto de la ley de revisión de los artículos 87, párrafo décimo, 102, párrafo primero, 104, 105, 106, párrafo tercero, 107, párrafo primero, y 110 de la Constitución, aprobada por el Parlamento y publicada en el Boletín Oficial del 30 de octubre de 2025 con el título “Normas en materia de ordenamiento jurisdiccional y de institución de la Corte Disciplinaria?”.
