
Las aguas comienzan a bajar turbias otra vez por Avellaneda. Y no se trata del caudal de un arroyo del popular distrito, sino de las relaciones de ambas barras que empiezan a inquietar a la Seguridad Deportiva y a las dos instituciones. Más cuando este viernes Racing hace de local frente a Banfield, pero sobre todo poniendo el ojo en el partido del próximo miércoles ante Belgrano por los octavos de final de la Copa Argentina a jugarse en San Luis.
La situación viene de arrastre desde que al líder de la barra académica, Leandro Paredes, le pusieron derecho de admisión en marzo pasado por tiempo indeterminado por haber agredido en la platea del Cilindro junto a otros simpatizantes a Walter Alagastino, ex referente de La Guardia Imperial.
Por entonces, y ante la posibilidad de que sus rivales internos quisieran tomar el poder aprovechando esta situación, el líder de Los Pibes de Racing rearmó su grupo poniendo al frente a Martín Ramírez, quien en la práctica oficiaba como su secuaz y además era del núcleo duro de Villa Corina, que es el barrio que hoy por hoy domina la popular, después de haber desplazado hace tiempo a la gente de Racing que tiene ascendencia sobre todo en Dock Sud.
El problema se veía venir porque Ramírez no es justamente un hombre dado a la palabra y a la concordia, sino todo lo contrario. Y, durante estos meses, si bien bajaba el mensaje de Paredes, endureció las relaciones con los otros bandos que conforman la barra. A punto tal que, enterados del malestar interno, y ante la chance de que hubiera una rebelión generalizada, gente vinculada a la Seguridad del club habló con funcionarios del Municipio, de la Policía y de la Provincia para saber si podía haber una chance de indultar a Paredes y que volviera a los estadios. “Ninguna, sería un escándalo”, fue la respuesta.

Ante esto y viendo que la situación no mejoraba, la misma gente hizo un intento para que le sacaran la prohibición de concurrencia a Braian Paredes, el hermano dos años menor del líder, y así lograr que fuera él quien pudiera pararse en el centro de la popular y calmar la situación. El problema es que Pachu, tal su apodo, tiene causas judiciales desde tres años y tampoco parece viable que puedan darle la venia. Así las cosas, y si Ramírez no cambia de modos, nadie sabe cuánto tiempo más pueden esperar las otras terminales que hasta ahora están bajo el mando de Los Pibes de Racing, algunas de las cuales proponen el ascenso de un barra de la vieja escuela que pasó por todas las etapas, fue hombre del histórico líder de La Guardia Imperial, Raúl Huevo Escobar, y de tres años a esta parte se metió en la estructura de la nueva barra brava.
En medio de todo esto y como para mostrar su poder de fuego ante los rumores de rebelión, el fin de semana Leandro Paredes hizo una reunión en el club Pinocho de Villa Corina, donde juntó 200 soldados que le juraron lealtad absoluta. Entre quienes participaron del mitín estuvo también Rubén Castiñeiras, más conocido como el Pepo, fanático de la Academia.

Lo llamativo es que también hubo en el ágape un grupo del sector disidente de la barra de Independiente, llamada Del Rojo de Verdad, que es de la zona. El hombre más visible que estuvo presente fue Eduardo D’Aquila, alias Pachi, quien en 2018 fue detenido acusado de integrar una asociación ilícita junto a Pablo Bebote Álvarez y otros 18 barras más, aunque finalmente terminó fuera del proceso judicial. Pachi había sido tentado para volver el año pasado a la tribuna con la facción no oficial de la barra, pero había manifestado que no estaba en sus planes. Se verá si esta reunión tuvo que ver sólo con una jornada de relación barrial o es el comienzo de otra historia.
Y hablando de Independiente, en el partido del miércoles por Copa Argentina que terminó con derrota por cuatro a cero frente a Atlético Tucumán, también se dio una situación muy particular. Si bien la mayoría de la barra, como siempre, tenía sus tickets brindados por manos amigas de la dirigencia, hubo varios que intentaron ingresar con entradas falsificadas, lo que llamó poderosamente la atención porque hacía rato que no ocurría. En el trabajo en conjunto de la organización del torneo con la Policía y la Dirección Provincial de Seguridad en Eventos Masivos de Santa Fe dirigida por Fernando Perevengo, se detuvieron a 15 personas en esta situación y se les tomaron todos los datos para enviarlos al programa Tribuna Segura para imponerles a partir de ahora el derecho de admisión a todos los estadios argentinos por un lapso no menor a los seis meses de duración.
