
El viernes, antes de volver a Estados Unidos, Dante Gebel tenía previsto reunirse con el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pero la entrevista se suspendió por cuestiones de agenda. Sería el último de una larga ronda de encuentros del influencer evangélico con el círculo rojo que, en menos de una semana, incluyó a parte de la cúpula de la CGT y el sindicalismo, a intendentes y gobernadores como Martín Llaryora, y a dirigentes y empresarios de primerísima línea interesados en conocer sus planes. “Fueron reuniones de Primera A”, sintetizó una fuente.
Gebel es el candidato, o el experimento, de un sector del círculo rojo en el que conviven el movimiento obrero, algunos ex dirigentes libertarios como el legislador Eugenio Casielles, que conserva una vieja amistad con Santiago Caputo, y ex funcionarios del PRO. Quién más propicia ese ensayo es todavía un misterio, pero la lista de curiosos es larga: hasta Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA, intercedió ante la dirigencia del club Lanús para conseguir el microestadio que se utilizó el mes pasado para el lanzamiento de Consolidación Argentina, el espacio que promueve su postulación.
Según el propio empresario, con una fortuna envidiable y millones de seguidores en sus canales de difusión, “a Gebel lo financia Gebel”. Suficiente, dice, para costear aviones privados y la comitiva nutrida con la que se movió en estos días por Buenos Aires. Difícil creerlo. A esa incógnita se le suma una aún más importante para quienes impulsan su postulación presidencial: ¿Hay espacio para otro outsider?
Cuando llegó a la Presidencia, Javier Milei lo hizo de manera inteligente: se movió como un ciudadano común acompañado por una hermana sencilla e inexperta en aviones de línea, donó la dieta de diputado, articuló un discurso eficaz en contra de los privilegios de la “casta política”, prometió un ajuste feroz de un Estado incapaz de dar respuestas y disimuló el financiamiento opaco, y el acompañamiento, de una parte del sistema que lo apuntaló para dividir a la oferta opositora de aquel entonces. Un dirigente experimentadísimo suele decir que la política electoral está compuesta por dos instancias: “Saber ganar elecciones y elegir con quién perderlas”. “Si en el 2023 ganaba Patricia (Bullrich), tal vez varios estábamos fumando en Marcos Paz”, ejemplificó ese dirigente.

Para Gebel, ese discurso es mucho más confuso. No se trata de un posible candidato anti-sistema, más bien todo lo contrario: no hay dudas por sus impulsores. “Necesita que no lo confundan con un político”, aseguraron colaboradores. Algo así repitió el lunes, en la reunión con el sindicalismo. Pero más allá de los promotores, la aparición estelar del presentador, que, sin ningún plan ni definiciones concretas, agitó esta semana la conversación pública en Buenos Aires, exhibe el desconcierto y la preocupación de parte del establishment que no tiene claro qué pasará el próximo año si se dilata la recuperación de la economía real, castigada en actividad, en sectores dinamizadores del consumo. “El clima es de preocupación: si esto sigue así, no está claro el 2027″, deslizó una fuente calificada del círculo rojo que testeó el humor del sistema en la cena del pasado lunes de CIPPEC, el think tank que ahora lidera Luciano Laspina y que reunió a una interesantísima concurrencia multipartidaria.
No es casual, en ese sentido, que se haya publicitado esta semana la comida que compartieron varias semanas atrás el empresario Paolo Rocca, enfrentado duramente al gobierno, y Mauricio Macri, igual de disgustado con la Casa Rosada por lo que considera un trato descortés del oficialismo con el PRO. En esa comida, a la que el ex presidente llegó acompañado por Fernando de Andreis y Dario Nieto, se habló de la “necesidad” de planificar una alternativa “racional” a Milei. “¿Qué quiere Rocca? Que Mauricio sea candidato, jeje”, respondió uno de los comensales a la consulta de este medio. Cerca de Macri dicen que hoy no está en sus planes. Tiene lógica: no existe, al menos por ahora, ni una sola encuesta que lo entusiasme. Sin embargo, aportan un dato: su ex pareja, Juliana Awada, era una de las que más lo disuadía de ese proyecto. Fuentes del holding empresario abundaron en que, en el listado de potenciales experimentos, se le hizo llegar a Bullrich un mensaje para averiguar sus planes a futuro.

En ese contexto tan inquietante, el Mundial de fútbol de junio-julio aparece en el horizonte como un parteaguas. El probable punto de partida de una serie de movimientos que deberían empezar a delinear el escenario electoral del 2027. Así lo definió, por ejemplo, el influencer evangélico: dijo que, una vez finalizado el campeonato mundial, volvería a volar a la Argentina para tomar una definición. Una decisión similar se espera, para ese momento, en torno a Jorge Brito, el banquero y expresidente de River que, en privado, se mostró abierto a diferentes propuestas. Es otro de los ensayos electorales de un sector del sistema político, en particular del PJ, que le pide mayor amplitud y un corrimiento hacia el centro al gobernador Axel Kicillof. Algunos de ellos estarán el próximo viernes 1 de mayo en Parque Norte, un evento del peronismo tradicional que aglutinará a legisladores, ex dirigentes y ex funcionarios. Auguran buena convocatoria. Y un objetivo: intentar emprender un proceso de “descamporización”.
Definiciones post mundialistas. A esa acumulación de incertezas en materia de oferta electoral se le agregó esta semana otro ingrediente: la incertidumbre en torno a si habrá o no elecciones primarias el próximo año, una instancia ordenadora, tras el envío del Gobierno del proyecto de reforma política que contempla, entre otras modificaciones, la eliminación de las PASO.
El gobierno no tiene el número para avanzar en esa dirección: se necesitan mayorías especiales, y buena parte de los aliados ya manifestaron, en público y en privado, el rechazo a ese cambio. Por ejemplo, en el PRO: puertas adentro se fijó, al menos por ahora, un posicionamiento favorable a mantener las primarias. El apuro de la Casa Rosada en el despacho de esa iniciativa al Senado evidenció la necesidad del gobierno por recuperar la conversación pública, enfocada en las desprolijidades de Manuel Adorni, las internas libertarias y los datos desalentadores de la economía real.
En el Ejecutivo saben que cualquier definición tendrá lugar después de la Copa del Mundo. En algunos despachos de Casa Rosada se empezó a analizar incluso la opción de explorar un plan B: o la suspensión de las primarias o bien la posibilidad de convertir las PASO en PAS. Es decir, quitar la obligatoriedad.
A Milei no es un rubro que lo desvele, más allá de la batería de posteos que le dedicó al tema esta semana, en medio de un vendaval de publicaciones que incluyó, en un altísimo porcentaje, ataques a la prensa. Sí es un área que despierta un creciente interés en su hermana Karina, que tiene la exclusividad de la estrategia política desde que le ganó la pulseada a Santiago Caputo.

Esa relación está deteriorada por completo. No tiene vuelta atrás. Allegados muy cercanos al consultor le llegaron a plantear últimamente si no era conveniente abandonar el gobierno, un paso que el asesor presidencial no está dispuesto a dar, no solo por los resortes del poder que están bajo su administración, sino porque está convencido del daño que supondría ese movimiento, que le propinaría, al Presidente, una inestabilidad política aún mayor a la actual. Fuentes cercanas al consultor insistieron, además, en los vínculos de esa ala del gobierno con sectores ligados a la administración republicana de Donald Trump. A propósito, hay una enorme preocupación puertas adentro del gobierno por la suerte de la licitación de la hidrovía, que esta semana abrió su segundo sobre y que desde hace poco tiempo es seguida con lupa por el Departamento de Estado de Trump.
Peter Thiel, el magnate fundador de Palantir y PayPal, uno de los referentes del capitalismo digital que cuestiona el sistema democrático, visitó esta semana al presidente en Casa Rosada, pero antes mantuvo un encuentro privado con el consultor y uno de sus asesores. El viaje de Thiel despertó sospechas sobre la posible provisión de servicios al gobierno. Trascendió que se había pedido una audiencia con autoridades del Ministerio de Seguridad, una información que no fue corroborada.
En Estados Unidos, el vínculo de esos mega millonarios que controlan el negocio digital con el poder político es materia de análisis profuso y controversias en el establishment empresarial y mediático. Y se relaciona con el financiamiento partidario: según la información pública, en las elecciones norteamericanas del 2024, cien de los principales aportantes a las campañas desembolsaron USD2.600 millones, más del doble que las elecciones de cuatro años atrás. La Corte Suprema norteamericana había eliminado los límites al financiamiento político en épocas electorales. En paralelo a la eliminación de las PASO y el intento por reinstaurar el proyecto de Ficha Limpia, el gobierno introdujo en la reforma política un aumento del 2% al 35% como tope a las personas jurídicas y físicas en el financiamiento de un candidato. Es un rubro que estuvo históricamente a cargo de la Hermanísima, pero que también sedujo a Caputo a través de la fundación Faro.
Más allá del financiamiento, un rubro mucho menos relevante cuando se tiene el monopolio del Estado, la hermana del Presidente ya empezó a diseñar la estrategia electoral. Principalmente, elevó un pedido a los gobernadores aliados para unifiquen los calendarios provinciales con el nacional. Un encargo que, por ahora, nadie puede asegurar.

Será, en todo caso, una definición que, como el resto, se empezará a decidir a partir del segundo semestre, cuando se acabe la fiebre mundialista. Un parteaguas también para Kicillof, que administra una catarata de tensiones internas: desde su relación con Cristina y Máximo Kirchner, que el viernes se ausentó en la asunción del gobernador en el PJ bonaerense para participar de una recorrida por Santa Fe -“lo tenía previsto desde hace tiempo, y está recorriendo el país”, lo excusaron-, a los reclamos de mayor autonomía y la solicitud de los intendentes, que necesitan asegurar sus territorios. La falta de consenso interno abarca todos los campos: desde el terreno social, con choques por el pedido de implementación de la emergencia alimentaria, hasta el judicial. Aún no se pusieron de acuerdo en la integración de la Corte Suprema provincial, que tiene cuatro vacantes: como en el palacio nacional de la calle Talcahuano, funciona con tres. Sergio Torres, su presidente, no está disgustado con la actual nómina como tampoco lo está Horacio Rosatti. De esas cuatro vacantes, una la reclama el gobernador, otra La Cámpora, una tercera el massismo y recién quedaría una cuarta para la oposición, en este caso para LLA. Pero sin los votos del PRO y la UCR no hay negociación posible.
En ese contexto de turbulencia partidaria, toma cada vez más temperatura la chance de que el gobernador adelante el calendario provincial para los primeros meses del 2027. Va a depender, en parte, de la decisión en torno a si habrá o no PASO. Si eso ocurre, la campaña podría empezar a partir del segundo semestre. Y comenzaría una interesante disputa por la sucesión bonaerense, que ya tiene a una lista de postulados. Entre ellos, varios intendentes del socarronamente denominado “Grupo AFA”, que despuntan el vicio en partidos de fútbol y que construyeron una relación directa con la cúpula de la asociación del fútbol local.
Esa eventual definición con el calendario provincial apura los planes de Diego Santilli, en cuyo entorno dan por segura su candidatura a gobernador por La Libertad Avanza. El ministro tejió un nexo especial con Karina Milei. Ayer participó de un evento partidario junto a ella y Sebastián Pareja. Santilli pasó todos los testeos de lealtad solicitados por la secretaria General. En La Libertad Avanza, también en el PRO, incluso no descartan una futura afiliación partidaria. El ministro comprendió, desde el primer minuto, que la Hermanísima era la llave para ese proyecto bonaerense para el que trabaja a tiempo completo, a pesar de las ambiciones de Pareja: dicen que ya tiene equipos y hasta un probable gabinete en caso de ganar la elección. Y que, cuando triunfó en octubre pasado al frente de la boleta libertaria, caída la postulación de José Luis Espert, los hermanos Milei le confirmaron en una cena de celebración que tenía el camino allanado en Buenos Aires. Una vez terminado el Mundial, podría empezar a ofrecer definiciones más concretas en ese sentido.
Definiciones más urgentes. En medio de esas indecisiones en materia electoral, a las que Milei se volvió a adelantar esta semana cuando confirmó, otra vez, que tiene previsto “aplicar a otro mandato”, en la cúpula de La Libertad Avanza la disputa feroz y a cielo abierto entre su hermana y Caputo se espació en todas las áreas, pero se concentró en un terreno sensible: el de la Justicia.
El primer indicio de que esa pelea empezaría a librarse en el terreno judicial como su principal campo de batalla se dio cuando Karina Milei desplazó a Mariano Cúneo Libarona y a Sebastián Amerio del ministerio de Justicia y designó en ese lugar a Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola. Significó el corrimiento del consultor estrella en un área que, hasta ese momento, había administrado a discreción. Un área sobre la cual, además, el Presidente siempre se mantuvo ajeno, al igual que con la SIDE.
Esta semana, sin embargo, Milei tuvo un gesto protocolar pero de fuerte contenido simbólico cuando decidió embarcar en la gira por Israel a Mahiques, en una guerra que no solo exhibe el enfrentamiento entre Karina Milei y Caputo, si no que se transformó en una disputa facciosa dentro del Poder Judicial que puede tener consecuencias aún más perjudiciales para el gobierno. Mahiques se hizo cargo de Justicia por pedido de la Hermanísima, pero accedió a ese lugar sin previo aviso, cuando algunos colegas postulaban a Guillermo Montenegro. Ese movimiento dinamitó algunas relaciones.
La volatilidad de esos vínculos es muy particular porque Ariel Lijo, uno de los promotores de Montenegro, es a la vez uno de los funcionarios más fastidiados con esos movimientos, y fue hasta el año pasado uno de los dos candidatos de los Milei para la Corte Suprema. Ese nivel de interna implica, en paralelo, una pelea por la Procuración, hoy a cargo de Eduardo Casal.

Lijo es el juez que tramita las investigaciones contra Adorni -sostenido sistemáticamente por el Presidente y, en particular, por su hermana-, y delegadas en el fiscal Gerardo Pollicita. Sentimientos ambiguos para el jefe de Gabinete. El año pasado, cuando anunció el envío del pliego del juez que ahora lo investiga para la Corte, lo presentó de esta manera: “Es el único juez, en el caso de que efectivamente forme parte de la Corte, que tiene especialidad en Derecho Penal, el resto no la tiene, y es el único que ha hecho carrera en el Poder Judicial”. Y agregó: “Fueron los valores que se han puesto en el orden de aptitudes el doctor Lijo para ser uno de los dos elegidos”.
El viernes, el ministro coordinador recibió una buena noticia, esperable, en medio de un tembladeral judicial: basado en un dictamen de la fiscal Alejandra Mangano, el juez Daniel Rafecas archivó el expediente por el viaje de Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete, en el avión oficial junto a la comitiva presidencial que viajó junto a Milei a Manhattan, con motivo de la “Argentina Week”. En privado, Adorni jura que puede explicar sus propiedades. Es más endeble la justificación por el viaje en un jet privado a Punta del Este junto a su amigo Marcelo Grandío. “Manuel no se deja ayudar”, aseguró un amigo del ministro. En Casa Rosada se menciona cada vez con más insistencia a Aimé Ayelén Vázquez, “Meme”, mano derecha del ministro.
Este miércoles, Adorni deberá presentarse en el Congreso. Será un test clave, mientras arrecian reproches internas y externos por su permanencia en el gabinete. Estará acompañado por el Presidente, y buena parte del gabinete. El martes, el ministro coordinador estuvo en Luján, en el aniversario por la muerte de Francisco, en una de las pocas apariciones públicas de este último mes, en un ámbito, el de la Iglesia, donde se perdonan los pecados. Milei se ausentó, por el viaje a Israel, y ofrendó un homenaje en ese país al Papa al que, en campaña, le dedicó durísimas críticas. Cuando lo visitó, ya como presidente, Francisco lo abrazó.

El vínculo del Gobierno con la Iglesia no es el mejor, pero Milei podría tener, hacia fin de año, una noticia muy auspiciosa: en fuentes eclesiásticas dan como muy avanzadas las gestiones para que el Papa León XIV visite el país, junto a Uruguay y Perú, en el último trimestre.
