A 45 años de una jornada histórica: Boca campeón con Maradona, el descenso de San Lorenzo y el último partido de Labruna en River

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El sueño de los hinchas de Boca hecho realidad: ser campeones con Diego Maradona en el equipo

Diez era el número de moda. Desde la abrumadora irrupción de Diego Armando Maradona y mucho más en aquel 1981, cuando se vistió de azul y oro. Y diez es también la cantidad de kilómetros, según el catastro (palabra desangelada como pocas, pero elocuente) que distancian a dos estadios de la capital, que fueron los escenarios de la vibrante tarde del sábado 15 de agosto de ese año. Los dos lados de la moneda. Las dos caras del teatro, comedia y tragedia, una vez más, representando una tarde de fútbol, que terminaría siendo inolvidable.

La gloria y el drama futbolero en 90 minutos. Aquella jornada plena de especulaciones, ansiedades e incertidumbres. Con dos focos bien diferenciados. En la Bombonera, Boca recibía a Racing, sabiendo que con un punto le bastaba para ser campeón, relegando al sorpresivo y excelente Ferro de Carlos Griguol, que jugaba su suerte ante Platense en cancha de Atlanta. Por otro lado, la angustia del descenso. Con el agregado de la inédita posibilidad de un equipo grande que podía perder la categoría, ya que San Lorenzo se jugaba mano a mano con Argentinos Juniors, el último boleto para la supervivencia.

En la previa, pocos podían pensar que estos equipos llegarían así a la última fecha del torneo, tanto arriba como abajo, por sus antecedentes de 1980. Quizás si en el caso de San Lorenzo, que había sufrido bastante en la parte baja de la tabla, salvándose a una fecha del final. Para Argentinos Juniors, había sido la mejor temporada de su historia, bajo el influjo de la magia de Maradona.

Alberto Vivalda ya se movió hacia su izquierda, mientras que Diego la acaricia de zurda para convertir el penal que sería decisivo para el título

Boca atravesó un vía crucis el año ‘80. Fue el traumático post Lorenzo, luego del exitoso ciclo de cuatro años. Quedaron jugadores lesionados y desmotivados, que realizaron una pésima primera rueda, donde la palabra descenso rondó por Brandsen 805. Con las revanchas llegaron las mejoras físicas y anímicas, para terminar de manera decorosa. En diciembre hubo elecciones, donde concluyeron los 20 años de presidencia de Alberto J. Armando.

La nueva conducción trató de encarar un proyecto ambicioso, con interesantes incorporaciones como la de Miguel Brindisi y el regreso de Marcelo Trobbiani, pero todo se convulsionó cuando Diego expresó sus ganas de jugar en Boca, a fines de enero. Empezó la ingeniería para conseguir los recursos, que fueron apareciendo, para hacer realidad el sueño deportivo, porque en el plano económico, fue una pesadilla.

Hugo Perotti y Julio Olarticoechea miran asombrados. Parece una amarilla, pero es roja. Una de las cinco que mostró Abel Gnecco aquella tarde. Ellos dos fueron expulsados a los cinco minutos

Aquel 1980 fue glorioso para Argentinos Juniors. En el Metropolitano, obtuvo por primera vez en su historia el subcampeonato, que festejó merecidamente como un título. En el Nacional, fue una aplanadora en la fase de grupos, clasificándose para la ronda final con varias fechas de antelación. Diego tuvo un rendimiento esplendoroso, marcando 18 goles en 13 partidos (incluidos los cuatro al Loco Gatti en la tarde del “Gordito Gate”). Pero no pudo estar en el tramo decisivo, porque Menotti había decidido que los futbolistas convocados al Mundialito de Uruguay, a disputarse pocos días más tarde, no podían estar con sus equipos en esa instancia. Y el Bicho se quedó sin genio, sin ilusiones y eliminado en los cuartos de final por Racing de Córdoba.

Desde el ya mítico domingo 22 de febrero de 1981, cuando Maradona hizo su debut en Boca, el cuadro de Silvio Marzolini se fue encaramando en los primeros puestos, aunque con altibajos. Una persistente lesión en una pierna, obligó a tomar la decisión de parar al crack por varias fechas en ese tramo inicial, donde Miguel Ángel Brindisi reverdeció los laureles de una trayectoria impecable, brillando como en los tiempos del Huracán del ‘73. Jugó e hizo goles, como para que la ausencia del genio no fuese tan marcada.

Formación de Ferro de aquella tarde en cancha de Atlanta donde enfrentó a Platense. Peleó hasta el final y fue segundo a punto. Esos once que salían de memoria. Carlos Arregui, Mario Gómez, Oscar Garré, Héctor Cuper, Juan Rocchia y Carlos Barisio. Agachados: Gerónimo Saccardi, Miguel Juárez, Julio Jiménez, Adolfino Cañete y Claudio Crocco

Ya con Diego de regreso, Boca vivió una de sus noches más trascendentes, el 10 de abril cuando venció a River por 3-0 en la Bombonera. El clásico rival era, en la previa, el gran adversario a vencer, por la enorme constelación de estrellas que alumbraban el firmamento blanco cruzado por una banda roja. Había llegado Mario Alberto Kempes para sumarse a un plantel que ya contaba, entre otros, con Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Alberto Tarantni, Norberto Alonso y Ramón Díaz.

Sin embargo, los Millonarios quedaron rápidamente fuera de la pelea, por el irregular desempeño y, sobre todo, por la dolorosa e inesperada eliminación, a una fecha del final de la fase de grupos de la Copa Libertadores, ante Deportivo Cali en el Monumental. El máximo trofeo continental seguía siendo su gran deuda, que saldaría cinco años más tarde.

En silencio, ese lugar de perseguidor, lo ocupó Ferro Carril Oeste. A principios del ‘80 había asumido la dirección técnico Carlos Timoteo Griguol, quien inició un paciente trabajo. Un año más tarde, los primeros frutos ya podían apreciarse, en un equipo sólido, perfectamente trabajado, que tenía aceitados todos sus movimientos como una pieza de relojería. “Ya se cae”, sentenciaban los sabiondos, esos que, por suerte, fallan casi siempre.

El histórico penal que Mario Alles le detuvo a Eduardo Delgado. Clave para la salvación de Argentinos Juniors y el descenso de San Lorenzo

Al concluir la primera rueda, Boca era el líder con 28 puntos, seguido por Ferro con 24. River estaba sexto a 10 de la punta. San Lorenzo se mantenía en mitad de tabla, con apenas una unidad menos que los Millonarios y nadie podía pensar lo que ocurriría de allí en adelante. Una enorme crisis institucional, que lo había hecho perder su legendario Gasómetro de Avenida La Plata, se derramó también dentro de la cancha. Comenzó a no sumar puntos y a sufrir varias goleadas duras, como el 4-0 ante Boca y River o el 6-2 frente a Instituto en Córdoba.

Ferro no solo no se cayó, sino que, cuando faltaban cinco fechas, le dio alcance a Boca en el primer puesto, con el bonus track que su arquero, Carlos Barisio, alcanzaba el récord, aún sin batir, de mayor cantidad de minutos sin recibir goles en primera división. A tres jornadas del final, se enfrentaron en la Bombonera en El partido del torneo. Fue de una enorme paridad, que se quebró recién a 10 minutos del final, con una perfecta definición de Hugo Perotti, tras una maravillosa habilitación de Maradona, en medio de un campo de juego complicado por el barro.

Esa misma tarde en Caballito, donde hacía de local, San Lorenzo respiró al vencer 2-1 a River, quedando un punto arriba de Sarmiento y a dos de Argentinos Juniors. En la anteúltima los Bichos derrotaron a Unión y el cuadro de Junín a Estudiantes, al tiempo que el Ciclón igualó en cero con Vélez. La fecha final sería dramática. Colón ya había bajado a la B y el segundo puesto del descenso se lo disputarán entre cuatro equipos: Sarmiento y San Lorenzo (28), Talleres y Argentinos Juniors (27).

Excelente título de la revista El Gráfico para la dolorosa crónica del descenso del primer equipo grande en la historia del fútbol argentino

Tras ganarle a Ferro en la Bombonera, Boca fue a Rosario para jugar con Central, con tres puntos de ventaja y el sueño de la vuelta olímpica. El estadio de Arroyito venía siendo una piedra en el zapato azul y oro y aquella tarde no fue la excepción. Perdió 1-0 y Maradona estrelló un penal en el travesaño. Ferro por su parte, desperdició una chance inmejorable. Al terminar el primer tiempo, vencía en su estadio 3-0 a Huracán, que hizo una remontada increíble para alcanzar un 3-3 que le sacó un punto decisivo al elenco de Caballito.

Y así llegó aquel día. Sábado 15 de agosto de 1981. Una tremenda definición arriba y abajo en la tabla, adelantado 24 horas a su habitualidad de domingo, para que la Selección tuviese un día más en su preparación para la inminente gira por Europa. En tiempos sin televisación en directo (Boca – Racing se vio en diferido a las 22), la radio fue la gran protagonista de esa tarde vibrante, donde también en Avellaneda se vivió un momento importante y no tan recordado: en el encuentro que Independiente y River empataron en un tanto, fue el último partido oficial de Ángel Labruna como entrenador de los Millonarios, cerrando un magnífico ciclo con seis títulos en la misma cantidad de años.

De los cuatro implicados con el descenso, Sarmiento enseguida respiró aliviado. No solo por enfrentar al ya descendido Colón, sino porque a los 15 minutos ganaba 2-0, como preludio de su cómodo éxito por 3-0. Talleres, en duelo cordobés, derrotó a Instituto 2-1 sin mayores sobresaltos. Todo quedaba encerrado en Caballito. En ese mano a mano tremendo entre San Lorenzo y Argentinos Juniors, con la ventaja para el Ciclón, que se salvaba con dos de los tres resultados.

Pedro Magallanes llevaba menos de cuatro años en primera división, pero ya había sido dos veces campeón con Independiente, disputado la Copa Libertadores y saboreado el placer de ser compañero de Maradona en 1980. Continuó en Argentinos Juniors y le tocó sufrir esa temporada. Iba a ser protagonista crucial de aquella tarde, en las dos jugadas claves, como lo recordó para Infobae: “Yo no era de bajar en los córners, pero el técnico me había pedido que ese día si lo hiciera, para marcar a Osvaldo Rinaldi. Iban pocos minutos y en un tiro de esquina para ellos, salté, él me empujó, abrí los brazos y la pelota me dio en la mano. Espósito dio penal y me quería morir, por suerte Mario Alles se le atajó a Eduardo Delgado y la cosa siguió 0 a 0, hasta que un contragolpe, corrí una pelota junto con el Hueso Glaría, que era bravo y te cortaba los cuádriceps (risas), y me le metí en diagonal, me tocó y fue penal para nosotros. Yo era el encargado, pero cuando me levanté lo vi al Loco Salinas con la pelota bajo el brazo y le dije: ‘Lo llegás a errar y nos matan a todos’. Me miró y respondió: ‘Un tucumano no erra penales’. Lo metió y arrancamos a sufrir porque nos pelotearon sin parar. Ganamos 1-0 y nos salvamos, por eso quiero tanto esa foto que nos sacaron junto al Loco y Puchero Varacka, el director técnico, donde se me ve con una cruz de cinta en el pecho, porque soy muy creyente”.

La fe de Pedro Magallanes, simbolizada en esa cruz en el pecho, con la que disputó el partido. Festeja la salvación de Argentinos Juniors junto al técnico José Varacka y su compañero Carlos Salinas

“Y su nombre flotando en el adiós” tituló certeramente la revista El Gráfico su crónica del doloroso descenso de San Lorenzo. Quizás el viejo Gasómetro se la vio venir y apuró su final un par de años antes, para no ser testigo de esa afrenta deportiva. Fue un impacto durísimo, pero que no solo no derribó al Ciclón, sino que lo fortificó, porque su paso por la Primera B fue maravilloso, reventando todas las canchas y logrando el ansiado regreso, apenas un año más tarde.

En la Bombonera se daba otro duelo apasionante. Boca solo necesitaba un punto para ser campeón, pero enfrente tenía a un Racing lleno de muy buenos jugadores (Olarticoechea, Calderón, Barbas, Berta, Carrasco, entre otros). Fue una lástima que el árbitro designado haya sido Abel Gnecco, quien mantuvo su tendencia de querer ser más protagonista que los propios jugadores. A los 18 minutos, ya había expulsado a cuatro futbolistas, dos por cada lado: Perotti, Córdoba, Olarticoechea y Carrasco.

En medio de ese juego desvirtuado, a Boca le costaba abstraerse del clima de nerviosismo que imperaba en las tribunas. Solo la magia de Maradona aportaba un poco de claridad. A cinco del final del primer tiempo, tras una gran habilitación de Brindisi, penetró en el área, donde fue derribado por el arquero Vivalda. Él mismo tomó a su cargo la ejecución y la acarició con clase, para desatar el grito tan esperado.

Exactamente en el mismo momento, en cancha de Atlanta, Mario Gómez de tiro libre ponía en ventaja a Ferro sobre Platense, avisando que ellos no se iban a bajar de la ilusión hasta el final. Apenas comenzado el complemento, el uruguayo Julio César Jiménez, marcó el segundo y sus hinchas quedaron esperando los goles de Racing, que decretaran la derrota de Boca, forzando un desempate, programado en el Monumental, para el lunes 17.

Cuando faltaban dos minutos, llegó el empate de la Academia, con un golpe de cabeza de Omar Pedro Roldán, para darle más dramatismo futbolero a la tarde. Pero solo quedó tiempo para la expulsión de Roberto Passucci y nada más. Gnecco señaló el final y llegó la invasión. El pueblo de Boca volvía a soltar el archivado grito de campeón, paseando en andas a su máxima figura. Ese Diego Armando Maradona en pleno estado de gracia, que lo llevó de su mano a una conquista inolvidable. No solo porque él fue parte decisiva, sino porque por delante esperaban muchos años de ausencia de vueltas olímpicas…