
Ganar en la cancha o en el circuito no depende solo de la condición física. Detrás del rendimiento de figuras como Jannik Sinner, número 1 del ranking ATP, o el piloto de Fórmula 1 Charles Leclerc se esconde un entrenamiento invisible: el de la mente.
De acuerdo con la información compartida por Men’s Health, ambos atletas forman parte de un grupo de deportistas de élite que dedican horas en laboratorios especializados a desarrollar lo que se denomina economía mental, una disciplina que busca reducir el gasto neurológico bajo presión sin sacrificar rendimiento.
El principio detrás de este método es tan directo como su aplicación. El cerebro, al igual que un músculo, puede aprender a trabajar con mayor eficiencia. Cuando un atleta compite bajo estrés, el sistema nervioso consume más energía de la necesaria, tensa los músculos, fragmenta la concentración y acorta la resistencia.

El objetivo del entrenamiento cerebral es revertir ese patrón, y los resultados, según los especialistas que trabajan con estos deportistas, trascienden el deporte de alto rendimiento.
El laboratorio donde el cerebro aprende a competir
El espacio donde todo esto ocurre se encuentra en el Centro de Tenis Piatti, en Bordighera, norte de Italia. Lo dirige el Dr. Riccardo Ceccarelli, médico deportivo y fundador de Formula Medicine, institución reconocida por su trabajo pionero en neurociencia aplicada al alto rendimiento desde hace más de tres décadas con pilotos de carreras.
El laboratorio integra tecnología biométrica y dinámica de videojuegos en un entorno interactivo. Pantallas con conjuntos de datos, mandos de consola y sillones forman parte del espacio, donde los atletas se colocan una banda cerebral en la frente y sensores en los dedos para registrar su actividad eléctrica y su ritmo cardíaco en tiempo real.
Las pruebas están diseñadas para replicar el estrés de la competencia. En un simulador de carreras, el vehículo solo acelera si el atleta logra cambiar sus ondas cerebrales a patrones de mayor concentración.

Otro módulo recrea el ambiente de un estadio, ruido, movimiento, caos visual, para entrenar la resistencia a las distracciones. Los psicólogos del equipo observan los datos en tiempo real y detectan en qué momentos la ansiedad consume energía sin traducirse en mejora del rendimiento.
Ceccarelli señaló a Men’s Health que “si tu cerebro es un motor, queremos más potencia y reducir el consumo de combustible”.
Ondas cerebrales y precisión bajo presión
El sustento científico del método se basa en la fisiología del cerebro, que funciona a través de unas cinco bandas de frecuencia eléctrica. Las ondas beta altas suelen vincularse con el estrés y la sobreactivación, mientras que las frecuencias alfa medias se relacionan con la precisión, la relajación muscular y una ejecución más fluida.
En el laboratorio del Dr. Ceccarelli, el entrenamiento se orienta a que el atleta automatice la transición entre estos estados, de modo que pueda salir del estrés y regresar a la neutralidad con rapidez mediante técnicas como la respiración diafragmática, la autoconversación con mantras o distintos anclajes sensoriales.

Greg Appelbaum, doctor en psiquiatría y profesor de la Universidad de California en San Diego, dio su aval en declaraciones a Men’s Health: “Suelo ser un científico cauto, pero veo el potencial tanto del entrenamiento cerebral como del neurofeedback”.
Diversos estudios respaldaron que la práctica constante de este tipo de trabajo puede modificar la biología: el cerebro termina consumiendo menos glucosa y oxígeno para lograr el mismo rendimiento motor.
Una práctica al alcance de cualquier atleta
El primer paso del método no requiere laboratorio ni dispositivo alguno. Consiste en identificar y nombrar los momentos en que el estrés o el exceso de pensamiento aparecen. Puede tratarse del hormigueo en los brazos tras un error, la rigidez ante un levantamiento máximo en el gimnasio o la aceleración cardíaca antes de un saque decisivo.
A partir de ese reconocimiento, el atleta trabaja con un repertorio de técnicas para volver a la calma mediante el contacto con superficies de distintas texturas, el movimiento horizontal de los ojos con los párpados cerrados mientras cuenta hacia atrás o el tarareo de melodías familiares.
En esta línea, los neurocientíficos Pietro Pietrini y Emiliano Ricciardi sostienen que la diferencia entre un atleta de alto rendimiento y uno promedio no reside únicamente en lo físico, sino también en la forma en que el cerebro procesa y regula el estrés competitivo.
Sinner, Leclerc y Shiffrin: tres nombres, un mismo método
Sinner contó al mismo medio cómo funciona el sistema: “No hablas uno a uno, sino que haces ciertos ejercicios en el ordenador y calculan cuánto cerebro usaste, y luego te ayudan a hacerlo lo más automático posible gastando menos tiempo y menos cerebro”.
El tenista italiano y Leclerc viajan con su equipo de entrenamiento portátil, que incluye banda cerebral y sensores, para mantener la continuidad del trabajo entre torneos y carreras. Ceccarelli confirmó a Men’s Health que todos sus atletas llevan bandas cerebrales en sus desplazamientos.
La esquiadora Mikaela Shiffrin también integra este grupo de deportistas que aplican rutinas de entrenamiento cerebral para alcanzar un estado de calma mental controlada. Ceccarelli trabaja además con distintos tenistas del top 10 mundial.
