Gabriela Sabatini con Infobae: su mirada sobre el tenis actual, la inolvidable final con Maradona en la cancha y un consejo para los jóvenes

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Gabriela Sabatini, embajadora de Roland Garros Junior durante el evento disputado en San Pablo (Crédito: FFT)

Hay figuras que no necesitan presentación. Gabriela Sabatini es una de ellas. Su sonrisa, intacta con el paso del tiempo, sigue generando la misma cercanía que en sus años de gloria. No pasa desapercibida. Su andar sereno, su mirada luminosa y una elegancia natural la vuelven magnética. Se la ve espléndida, auténtica, cómoda en su lugar. Ya no desde la exigencia del alto rendimiento, sino desde una conexión más genuina con el tenis y con quienes la rodean. En ese equilibrio entre pasado y presente, su figura trasciende lo deportivo y confirma que su vínculo con el público sigue tan vigente como siempre.

Desde San Pablo, en el marco del Roland Garros Junior, Sabatini vuelve a vincularse con el deporte desde un lugar completamente distinto al que la llevó a la élite mundial. Ya no hay presión por el resultado ni exigencias competitivas: hoy, su rol pasa por acompañar, observar y, sobre todo, transmitir.

“Soy embajadora junto con Juan Martín del Potro. Para mí este es el segundo año que lo hago. Es una experiencia increíble. Es un honor que Roland Garros me haya invitado a ser parte de este hermoso evento. Realmente es único”, cuenta, en diálogo con Infobae desde el club Sociedade Harmonia de Tenis.

El torneo, que replica la atmósfera del Grand Slam parisino, genera un impacto especial en los jóvenes. Gaby lo percibe de inmediato: “Para los chicos es una experiencia increíble también, porque si venís acá sentís que estás en Roland Garros: todo está armado con los carteles, se televisa y se vive el ambiente como si fuera el torneo en París. Acá ya sabemos lo que es la pasión por el tenis en Sudamérica, y en Brasil hay muchísima gente mirando a los juniors. Están viviendo una experiencia única”.

No es casual que su palabra tenga peso en ese escenario. Sabatini conoce como pocas lo que significa irrumpir a temprana edad en el universo de Roland Garros: a los 14 años se consagró campeona junior y, con apenas 15, alcanzó por primera vez las semifinales del torneo ya como profesional, un registro que aún hoy la mantiene como la tenista más joven en meterse entre las cuatro mejores del Abierto francés. Con el correr de su carrera, repetiría esa instancia en cuatro oportunidades más, consolidando un vínculo profundo con el certamen parisino.

Gabriela Sabatini, embajadora de Roland Garros Junior durante el evento disputado en San Pablo (Crédito: FFT)

En ese contexto, su rol no es el de una figura distante, sino el de alguien que se acerca con naturalidad. Aunque aclara que el vínculo se construye con cierta cautela: “Los chicos son muy tímidos en general, y es normal. Nos saludamos, les pregunto cómo les fue, cómo se sintieron. También se habla mucho con los entrenadores, que quizás facilitan más la comunicación. Es más que nada saber cómo se sintieron, qué pasó, y por ahí una puede darles alguna palabra para seguir adelante, tratar de aportarles algo”.

Al observarlos competir, inevitablemente aparece el espejo de su propia historia. “Sí, quizás ahora sí tomo dimensión. En ese momento no. Yo ya venía jugando desde los 9 años y sumando experiencia en torneos. Jugué el circuito COSAT, el Orange Bowl… quizás no me daba cuenta de que tenía 14 años. Pensaba que tenía más. Pero sí, es una edad bastante temprana”.

Hablar de tenis en su caso es, también, hablar de recuerdos imborrables. “Roland Garros es un sueño, también por Guillermo Vilas. Primero por la superficie, el polvo de ladrillo en el que nos criamos, donde más cómodos nos sentíamos. Y a través de Guillermo, que era el referente que escuchábamos, siempre fue un sueño. Además, París es algo muy especial. Las primeras veces que fui fue algo majestuoso, realmente muy especial”.

Y continuó: “Cuando jugué la final de junior contra Katerina Maleeva y con Diego Maradona mirando el partido, eso queda en el recuerdo. También las canchas: la cancha 2, que ya no está, o la cancha 1. El público era muy pasional, se involucraba mucho con los partidos. Son recuerdos muy fuertes”.

Pero más allá de la nostalgia, su mensaje hacia las nuevas generaciones es claro. Sabatini se detiene en un punto que atraviesa toda su mirada actual: el disfrute. “Que disfruten, que traten de disfrutar. Es una experiencia única, momentos que no los tiene cualquiera. Sé de la presión y la tensión que pueden sentir, pero que se permitan disfrutarlo. Es parte del camino y tener una oportunidad así es difícil”.

Lejos de la competencia, su relación con el tenis se transformó, pero no desapareció. “Siempre digo que el tenis va a ser parte de mi vida por todo lo que me dio. Todo lo que soy hoy es gracias al tenis. Ir a los torneos, encontrarme con exjugadores, ver cómo funciona todo hoy… es lindo. Siempre va a estar dentro mío y hoy lo disfruto mucho”.

En paralelo, Gaby sigue de cerca la evolución del tenis argentino, especialmente en el circuito femenino, donde observa señales positivas. “Lo veo bien. Se está haciendo mucho por las mujeres, hay más torneos que antes y eso ayuda a generar competencia. También motiva a que más chicas quieran jugar. Están apareciendo muchos nombres y eso es fruto del trabajo que se viene haciendo con el tenis femenino”.

Gabriela Sabatini pelotea en la cancha en el marco de Roland Garros Junior (Crédito: FFT)

Incluso, Sabatini celebró los logros de las nuevas camadas, como el reciente hito alcanzado por Julia Riera, quien llegó a los 25 triunfos y se convirtió en la jugadora argentina con más victorias en la Billie Jean King Cup representando al país, superando la marca histórica que tenía la leyenda del tenis argentino en su poder. “Me alegro muchísimo. La conozco a Juli, es divina, tengo muy buena relación. Siempre está presente compitiendo. Esto le va a dar confianza. La vi muy bien en la última Billie Jean King Cup. Ojalá que siga así”.

Así, lejos de la exigencia que marcó su carrera profesional, Gabriela Sabatini construye un nuevo vínculo con el tenis: más sereno, más reflexivo y, sobre todo, más disfrutable. Una relación que ya no depende de los resultados, pero que sigue profundamente arraigada en su identidad y en la historia grande del tenis argentino.